Trastornos del sueño, problemas con el insomnio

Entre los trastornos del sueño o los problemas más comunes con el insomnio está la flexibilidad del organismo para soportar disminuciones del sueño y la comprensión de que el sueño es la expresión máxima del reposo pero no la única manera de descansar (el reposo relajado tiene efectos reparadores maravillosos), debería servir como una idea positiva para aquellas personas que padecen insomnio por los complejos trastornos del sueño, los que entran en el círculo vicioso del insomnio.

El miedo al insomnio, cuando caemos en el círculo vicioso

Trastornos del sueño, el círculo vicioso del insomnio

Estas personas son aquellas que desde el momento en que se acuestan están pensando desesperadamente en dormirse,(esto puede convertirse en un trastorno del sueño grave) lo cual es la mejor manera de alejar la posibilidad de conciliar el sueño. Para ellos, el ver que no consiguen dormir supone un aumento de su deseo ansioso de dormir pensando en la fatiga que tendrán al día siguiente, lo que provoca una mayor imposibilidad de hacerlo creando un gran problema con los sueños reparadores.

Entran en un círculo vicioso en el que cuanto más quieren dormir menos consiguen que el sueño les domine. En la noche siguiente, el recuerdo del trastorno, supone volver a colocarse ante el sueño con el mismo temor y, de esta forma, se convierten en los individuos menos queridos por Morfeo.

Lo intentan todo, se levantan, leen un rato, fuman, dan vueltas, cuentan ovejitas y no paran de dar vueltas a su trastorno del sueño y el deseo de dormir. Al fin, agotados se duermen, pero esta situación se les repite a lo largo de muchas noches si es que la falta de sueño de la noche anterior no les protege o no consiguen corregir su defecto o trastorno del sueño.

Ya se han visto algunas de las consecuencias de la ausencia selectiva de uno u otro de los dos tipos de sueño. Si esta falta de sueño es relativa, es decir la disminuimos en dos o cuatro horas durante un período de tiempo, de, por ejemplo, una semana; en general, el rendimiento no tiene merma apreciable. Esta es una situación muy conocida por muchas personas que en determinadas épocas de su vida han de dedicar un tiempo menor a su sueño. Si se les pregunta si se encuentran cansadas o tienen dificultades en llevar adelante su trabajo, contestarán la mayoría que no. Esta es, desde luego, una respuesta que resulta de una auto observación simple. Y es por lo tanto un principio de trastorno grave del sueño.

Lo cierto es que, aunque no se noten marcadamente los efectos de la ausencia parcial de un sueño normal -y esta normalidad varía para cada individuo- hay una merma de nuestras facultades.

De todas formas y, sobre todo para aquellas personas que son muy culpables de su insomnio o de un dormir de mala calidad porque se lo buscan con su modo de vida, hay que subrayar que debería caracterizar a sus noches una normalidad en los horarios y el relajamiento que procure un equilibrio en la proporción de los diversos estadios y ciclos de su dormir. Sólo así sacarán un rendimiento suficiente de él.

Por qué razón tenemos que dormir

Ningún estado del hombre, ni siquiera el de enamoramiento qué alguien llamó estado de imbecilidad transitoria, se han prestado tanto al misterio y a la poesía como el del sueño.

Su semejanza con la muerte, el sueño eterno, y su relación con el ensueño, como algunos psiquiatras han llamado al fenómeno psíquico (y biológico) del soñar para distinguirlo del dormir, han hecho de este fenómeno tan natural, protagonista de numerosas leyendas, supersticiones y literatura tanto vulgar como científica.

Por qué dormir

¿Es necesario dormir?

La ciencia dispone hoy de un caudal de conocimientos y conceptos suficientes para explicarnos qué es, porqué nos dormimos y qué ocurre durante el sueño. A la luz de estos conocimientos el sueño ha dejado de ser algo misterioso y, si conocerlo puede servir para conciliarse con él, tanto que gana la persona curiosa que lea estas páginas y no esté ansioso por saber inmediatamente las causas del insomnio que, a lo mejor, padece.

Empecemos por enterarnos de por qué nos dormimos.

Años de experimentación y estudios, han llevado al hombre a saber muchas cosas, no todas porque la ciencia no ha dicho ni dirá nunca su última palabra, sobre los mecanismos que conducen a su organismo y mente al estado de sueño.

Los resultados de estos esfuerzos han ido haciendo abandonar aquellas teorías anteriores al comienzo de la era cristiana que explicaban el tipo de sueño por la acumulación de sangre en las venas o las más modernas que giraban en torno a cambios en la circulación sanguínea en el cerebro como causa del dormir.

A la altura de nuestro tiempo, se conoce ya la existencia de unos centros localizados en nuestro cerebro que regulan la vigilia y el sueño y se entienden bastante bien los mecanismos nerviosos y vegetativos que conducen al dormir.

Así, se sabe que en nuestro sistema nervioso, equivalente a una central y redes de comunicación en nuestro interior por las que se transmiten la información y las órdenes que aseguran el buen funcionamiento del organismo y la buena relación del individuo con el exterior, existe un sistema (el sistema activador reticular) cuya misión es controlar el estado global de la actividad del sistema nervioso.

Este control incluye el de los estados de vigilia y sueño y, al menos, parte de nuestra capacidad para dirigir la atención hacia zonas especiales de la mente consciente.

Este sistema, actúa a modo de enlace muy particular entre los vigilantes situados en el interior y la periferia de nuestro organismo y los cuarteles generales, localizados en el cerebro, donde se organiza la actividad que preserva la vida del individuo.

Estos vigilantes son unas células especializadas, repartidas en número de millones por todo el interior y el exterior del organismo, y encargadas de transmitir información sobre los estados de los órganos o las condiciones del ambiente externo.

Ellas son quienes transmiten la información que nos permite ver, oír, gustar, palpar, saber si tenemos hambre o nos duele la muela y mil detalles más. Y de la cantidad de informaciones (impulsos) que transmiten, depende, en gran parte, la actividad de esa zona enlace a la que estimulan.

Esta estimulación del sistema activador reticular por esos impulsos, tiene como resultado un aumento de la actividad de los centros superiores y, a su vez, el aumento de actividad de esos centros, influye en el del sistema reticular, con lo que una vez excitado éste, es más fácil que su actividad se mantenga.

Cuando ésto sucede, el aumento de actividad del sistema reticular, eleva el tono muscular de todo el cuerpo y acelera el trabajo de muchos de nuestros órganos. Como estos cambios provocan una alerta mayor en los vigilantes, éstos envían más información (más impulsos) al sistema con lo que, como se ve, el mecanismo se va alimentando a sí mismo una vez que el sistema reticular ha recibido el mínimo de impulsos necesarios para su activación.

En esencia, lo descrito corresponde al despertar. En el dormir ocurre lo contrario. La disminución del número de estímulos ambientales que los vigilantes han de recoger supone una merma del número de impulsos que llegan hasta el sistema reticular. Con ello, al disminuir su actividad, desciende la actividad de la corteza y entramos en el umbral del sueño.

¿Cómo dormir bien?

El insomnio no es una fatalidad, se puede aprender a dormir bien.

Son muchas las personas que se preguntan con escepticismo si tiene sentido hablar del sueño. El sueño, y por consiguiente también el insomnio, según ellos, no es tema que valga la pena. No se les ocurre nada al respecto. Para ellos, dormir es algo obvio y que hacen bien.

Una hora de sueño más o menos es para ellos lo mismo que tener más o menos apetito, estar de buen o mal humor. No controlan su sueño, no cuentan las horas ni se comparan al respecto con nadie. El sueño les resulta algo tan evidente como la digestión.
Pero para los demás —y su número es terriblemente grande y aumenta cada día— el sueño es todo un problema. No sabemos cómo dormir bien.

Son constantemente conscientes de que dormir les supone una dificultad. Se despiertan con la satisfacción masoquista de decir: ya sabía yo que no podría dormir y se van a la cama con la misma certidumbre, otra vez sin poder dormir bien.

como dormir bien

El consejo que damos a los insomnes es, por tanto, el siguiente: justamente durante el día no debe usted ocuparse de su problema de insomnio, sino todo lo contrario, es decir: buscar distracción del tema. Al respecto existen muchas posibilidades y de ellas nos ocuparemos con frecuencia en el curso de este blog. Quizá sirva aquí la simple comprobación de que el insomnio total no existe.

Todo enfermo de insomnio experimenta la aguda necesidad de dialogar, es decir intercambiar opiniones y experiencias acerca de su mal. Al hacerlo, con frecuencia no busca respuestas directas a sus dificultades, sino que intenta aclararse sobre sí mismo y su problema, al modo en que muchos enfermos, tras haber hablado con el médico, lo hacen consigo mismos, lo que a menudo surte mejores efectos que una medicina, pero siempre es importante hacerse la siguiente pregunta:

¿Cómo dormir bien? ¿Cómo es que duermo mal?

Inconscientemente o con intención, medita nuevas técnicas, medidas, medicamentos para el insomnio, pues se prepara para el no dormir bien. Tanto más, cuanto que por la mañana ya se sabe que será noche insomne, y por ello añade a las precauciones propias, con agradecimiento, lo que ha oído contar a otros.

Esto incluye también el intercambio de pastillas para dormir, que pedirá posteriormente al médico, en caso de que hayan sido útiles. Lo malo es que con frecuencia sirven al principio, pero por poco tiempo. Sólo mientras dura la
esperanza del paciente en los efectos farmacológicos de tales remedios, cede su miedo ante la falta de sueño y disminuye su agarrotamiento psíquico. Lo que ocurre es que confunde el efecto médico con su propia actitud positiva ante la cuestión del sueño. Ha vuelto a encontrar por algún tiempo su vieja confianza en su capacidad de dormir.

Pero ha sido con ayuda de un falso remedio para el insomnio, cuyos efectos se pierden pronto.
Y al cabo de una breve fase de inseguridad, que se manifiesta en una variable capacidad de sueño, el paciente vuelve al punto de partida de su problema.
Y es que la confianza en la propia capacidad de dormir, en el poder de descansar, es algo que no se adquiere con
medicamentos, sino por la comprensión de las circunstancias que rodean el problema. Recuerde y hágase esta pregunta a menudo: ¿Cómo dormir bien?

El insomnio no es una fatalidad trágica y la capacidad de dormir se puede recobrar por medio de un proceso de aprendizaje continuo. O sea, que se puede aprender a dormir exactamente igual que se aprende a mantenerse en vela.

como dormir bien por las noches

No hay enfermera de turno nocturno, ni maquinista de tren, piloto, médico, soldado ni participante en una expedición que no sepa velar. Y este proceso de aprendizaje se puede invertir: es aplicable también a la capacidad de dormir. Es algo que se puede derivar y demostrar biológicamente de diversos modos y que se puede formular con gran exactitud del modo siguiente: el sueño es un proceso en cambio periódico y ligado al instinto, y dicho proceso, como el de otros instintos del hombre, es modificable dentro de ciertos límites, con ayuda de procesos de aprendizaje.

El sueño como instinto para dormir bien

En otros dominios de la conducta instintiva del hombre, nuestra definición de una influencia por aprendizaje ejercida sobre los instintos es de más fácil comprensión. Por ejemplo, si lo hacemos extensivo al instinto de alimentación, esto significa: no hemos de comer justamente cuando tenemos hambre. Podemos dominar el impulso a comer porque hemos aprendido a hacerlo. Y tampoco hemos de ceder a un impulso agresivo, sino que lo podemos dirigir, suprimir, o derivar hacia otros impulsos (transformarlo).

Lo mismo vale para el impulso sexual o para los instintos de peligro protección, o sea el llamado instinto de conservación. Pero esto, una vez más referido al impulso de sueño, significa que en el ser humano resulta una conducta dirigible por medio de procesos de aprendizaje. Y aquí y ahora intentaremos saber cómo dormir bien.

Tanto los zoólogos como los biólogos y antropólogos se han preguntado una y otra vez cómo es que los instintos e
impulsos del hombre no tienen en éste el carácter de exclusividad imperativa, que los impone a todo, que poseen en los animales. Entre ellos, estos impulsos (de apareamiento, agresividad, caza y persecución, etc.) tienen un carácter
dominante.

La explicación más convincente la ofrece Portmann con su concepto de nacimiento fisiológicamente prematuro en el ser humano. Esto hace que el hombre sea el ser vivo de instintos más débiles de la tierra. Si el embrión humano
pasara por el mismo período de gestación que el de los otros mamíferos de la tierra, dicha gestación duraría dos
años. En tal caso, al nacer, los órganos de los sentidos estarían totalmente desarrollados, y el niño podría sentarse,
estar de pie y andar. Dominaría el mecanismo de su vejiga y podría hablar algo, lo que le permitiría abandonar el nido paterno de un salto, como un potro.

descanso nocturno

Pero como todo ello no es así, el período de postmadurez del ser humano debe completarse extrauterinamente, o sea, fuera de la matriz, lo que hace que el ser humano quede muy expuesto a los efectos del entorno durante un período en que éstos ejercen un alto influjo sobre él, y le condicionan por tanto fuertemente. Los instintos e impulsos, por todo ello, no pueden desarrollarse libres de la influencia del entorno, sino que quedan supeditados a la misma.

Así es como el ser humano pierde su ligazón imperativa a un patrón básico instintivo y se hace cosmopolita

Queda a merced de los influjos del ambiente, pero esto supone también que puede aprender. El desarrollo mayor del cerebro —que no se produce en los animales—corresponde a las posibilidades de influencia de nuestra capacidad de comprensión, que se da en los seres humanos, y ello de tal modo, que lo aprendido puede ser entendido intelectualmente y retenido como tal.

Expectativas de sueño equivocadas sobre cómo dormir bien.

Nuestras expectativas, o sea nuestras pretensiones de salud y de funcionamiento perfecto y sin dificultades del organismo, son abusivamente elevadas. Casi no existe terreno en que estemos dispuestos a hacer concesiones, y así nos parece algo inaguantable, por ejemplo, tener que soportar los dolores de cabeza, de modo que echamos mano de pastillas ante la menor indisposición que nos aqueje.

Es obvio que podemos llenar nuestro estómago en todo momento con cualquier alimento que nos agrade. No soportamos la sed, podemos protegernos del calor, del frío y de los peligros que nos amenazan, y el nivel de desarrollo de la técnica de nuestra civilización nos permite el inmenso lujo de dejar atrofiar nuestros instintos, que fueron desarrollados en nosotros para la lucha por la supervivencia.

Tenemos luz cuando la necesitamos, un techo seguro sobre la cabeza y al parecer el derecho a un sueño profundo y seguro que nos permitimos gracias a nuestras condiciones de vida, e incluso podemos comprar, según parece, en la farmacia, caso que nos falte.

como dormir por las noches

De hecho, no hay animal que duerma tan profunda y seguramente como el ser humano, no hay animal que pueda
permitirse tal sueño con garantías absolutas de descansar bien. El neurofisiólogo JUNG ha planteado por ello la cuestión de si tales estadios de sueño profundo como los del hombre, de los que tan difícil es despertar, no son productos artificiales de nuestra civilización. Porque tal profundidad de sueño sería extraordinariamente peligrosa para un ser que viviera en la naturaleza o para un ser humano tan desvalido como él. Esta es una experiencia de la que entiende todo el que ha pasado una guerra y ha tenido que reaprender a adecuar su conducta instintiva de cómo dormir bien a los peligros de la noche y del contorno.

Pero nosotros nos alejamos conscientemente y a ojos vistas de la biología de nuestro organismo y de sus funciones básicas fisiológicas (hacemos de la noche día, nos movemos muy poco, comemos demasiado, nos rodeamos de estímulos ambientales), y apelamos iracundos a la medicina y  a la farmacopea cuando nos vemos confrontados a las consecuencias de tal conducta errónea.

Recuerde: si quiere saber cómo dormir bien, la respuesta está en usted mismo.

El sueño y la conciencia: grados de conciencia

Muchos libros sobre psicología hablan del sueño como dormir en un capítulo dedicado a la conciencia porque en el estado de sueño por oposición al de vigilia, se produce un paso de un estado con un grado alto de conciencia a uno de conciencia disminuida.

¿Hasta qué punto hay conciencia en el sueño?

Aparentemente, durante el sueño se produce una ausencia de la conciencia y ello ha aparejado una pregunta muy corriente en los tratados sobre psicología: ¿hasta qué punto hay conciencia durante el sueño? . En respuesta a esta cuestión los psicólogos han ido admitiendo una continuidad de la conciencia que alcanza su límite en el estado de coma previo a la muerte y han preferido hablar de grados de conciencia antes que de la desaparición de ésta porque, en verdad, mientras el individuo vive cerebralmente, ésta no se desvanece.

Ya hemos hablado del estado de alerta disminuido en el que el individuo permanece mientras duerme. De alguna forma es consciente de lo que ocurre a su alrededor y en el interior de su organismo, aunque duerma profundamente.

No hay que olvidar ésto porque de ello podemos sacar la conclusión de que gran parte de lo necesario para conciliar el sueño depende de nosotros. Y también porque de la frase de Schultz podemos sacar la oración contraria: llegar al sueño tiene también una necesidad de pasividad, lo cual se puede traducir por la dificultad que encuentran los que queriendo dormir no consiguen hacerlo, sencillamente porque lo quieren con tanta intensidad que están interfiriendo y obstaculizando un proceso que en verdad es más sencillo y natural. En estos casos lo que ocurre es que se trata de un deseo demasiado ansioso de dormir y responde generalmente a un temor al insomnio. Nada peor que ésto para comenzar una noche.

Se puede resumir lo explicado sobre el por que dormimos, en la concurrencia de una serie de factores que conducen naturalmente al sueño. Tras el período de actividad que suele ocupar las dos terceras partes del día convencional, sobreviene una sensación de cansancio y una inapetencia por realizar cualquier acción que suponga esfuerzo físico o mental (hay quien tiene esa inapetencia desde el comienzo del día).

Si a ese cansancio no le oponemos una excitación o un interés por algo, lo más normal es que tendamos hacia el descanso. Interviene el sistema parasimpático y se retira el simpático con un predominio de las funciones reparadoras, cosa que, como se ha visto, sucede según un ritmo adaptativo y habitual con tendencia a permanecer constante.

Si a ello se unen las condiciones nerviosas entre las que hay que destacar la acción de los centros del sueño, podemos prepararnos para decir buenas noches y dormir a pierna suelta, hasta que el reloj fisiológico o ese otro más ruidoso con agujas nos indique que ha llegado la hora de levantarnos. Si alguna de esas condiciones falla, conseguir el sueño puede ser algo más problemático.

Desconectando del exterior, el comienzo del sueño

Cuando dormimos, nuestro grado de conciencia disminuye. Al replegarnos sobre nosotros mismos desconectando en gran parte nuestras relaciones con el exterior, nos hacemos menos conscientes aunque ese centro organizador y luminoso que es nuestra conciencia no haya desaparecido.

desconectando el cerebro

Desconectando, pero no por completo

Ya sabemos como llega ésto a suceder. Se bloquean los estímulos que nos llegan del exterior y que se perciben como conocidos y no peligrosos con lo que la actividad cerebral puede disminuir aunque continúe trabajando. Todo el mundo ha experimentado el placer de despertarse por sí mismo a la hora que previamente a su sueño había pensado, i A la hora en punto y sin necesidad de reloj! . Eso sólo porque nuestra mente es capaz de contar el tiempo mientras duerme y de sentir lo que ocurre a su alrededor aunque el menor caso que hace de todo ello significa que trabaja descansando.

Los experimentos destinados a conocer qué ocurre en la mente durante el sueño, han sido muchos y cada vez más complejos. Un modo un tanto tosco era el de someter al durmiente a una serie de estímulos acústicos más o menos fuertes en distintos momentos de su sueño y comprobar sus reacciones. Poco a poco las técnicas se han ido sofisticando y hoy se dispone de un arsenal de sistemas de registro, no sólo de la actividad mental sino también de otros procesos fisiológicos como el tono muscular, el movimiento de la pupila, la presión sanguínea y el funcionamiento del corazón y pulmones, etc.

El sistema que más datos ha proporcionado sobre la actividad mental del individuo que duerme es la electroencefalografía, que consiste en registrar en un gráfico continuo las ondas cerebrales producidas por la actividad cerebral, mediante conexiones localizadas en la cabeza que recogen las señales eléctricas emitidas por el cerebro mientras trabaja. Como es de suponer, los trazados gráficos del electroencefalograma son distintos para el mismo sujeto cuando éste duerme o está despierto. Y, aún dentro de esos estados, se observan notables diferencias.

En la vigilia el trabajo cerebral no es el mismo cuando se atiende a unos estímulos o a otros o cuando se resuelve un problema que cuando se cierran los ojos y se deja vagar la mente. En el sueño ocurre un fenómeno parecido. A lo largo de la noche, los registros son diferentes por etapas, lo que indica claramente que la profundidad del sueño pasa por fases distintas.

Fisiología y fases del sueño: cómo reacciona el cuerpo

La diferencia de las curvas obtenidas hoy día sobre la profundidad del sueño con las anteriores, es notable. Una curva construida mediante los datos proporcionados por el registro electroencefalográfico, registro eléctrico de la actividad muscular y de la actividad ocular, muestra que la profundidad en las fases del sueño no es la misma durante las tres primeras horas y que es mucho más variada a lo largo del resto de la noche que lo que suponían los primeros investigadores.

Fases del sueño

Las 4 fases del sueño

El tono muscular, si bien disminuye claramente a lo largo de todo el proceso de sueño, no es uniforme en todas las etapas de éste ni es igual para los diferentes grupos musculares (la musculatura de la nuca es la que menos se relaja). El menor tono muscular corresponde a la fase IV de sueño profundo, siendo un poco mayor en el III y, sucesivamente, en el II y el I.

Las frecuencias cardíaca y respiratoria experimentan también una disminución. Desciende ligeramente la tensión arterial que permanece bastante estable y la temperatura central se hace menor. Desde las fases del sueño I al IV, la presión disminuye hasta un 20 por ciento por debajo de la media normal del individuo entre la primera hora y media y las dos horas contadas desde el comienzo del sueño. Luego aumenta gradualmente hasta volver a la normalidad.

Algo parecido ocurre con el ritmo cardíaco y el respiratorio aunque la disminución de estos ritmos no es tan marcada como la de la tensión arterial.

Durante el sueño se produce, además, una contracción de la pupila, aunque parezca algo anormal ya que la pupila se contrae normalmente cuando hay más luz. También se han constatado ciertos movimientos oculares poco frecuentes y muy lentos.

Antes de entrar en el sueño real que comienza a partir del estadio II, se pasa por una fase de pre-adormecimiento -comienzo del estadio I- en el que va aumentando el desinterés por el mundo que rodea al sujeto y éste comienza a replegarse sobre sí mismo.

Como veremos, este momento es clave para una gran parte de los insomnios que se producen por un estancamiento en este punto. Si este estancamiento no sucede, el individuo entra en una fase de adormecimiento propiamente dicho, con búsqueda de descanso visual, auditivo, etc. En este momento, puede producirse el paso al estadio II o un despertar brusco al que suele seguir un paso casi inmediato al dormir.

Este dormir lento se acompaña, de una reducción de la mayor parte de las funciones fisiológicas. Esas modificaciones neurovegetativas concomitantes al dormir lento, señalan una prevalencía del tono parasimpático en consonancia con la función reparadora del dormir.

Ondas cerebrales y su forma según las fases del sueño

En el tercer estadio del sueño, las ondas son lentas y amplias junto a algunos husos y en el IV, que supone sueño profundo, las ondas lentas y amplias son mayoría, desapareciendo casi completamente las fusiformes.El dormir correspondiente a estos cuatro estadios es el llamado dormir lento o dormir sincronizado (por el registro electroencefalográfico que presenta). El individuo, en el transcurso del sueño nocturno, cae rápidamente en el estadio de sueño profundo (IV) en la primera hora de sueño y se mantiene en él durante esa hora.

Ondas cerebrales y etapas

Las ondas fusiformes

Poco a poco, el organismo recobra su actividad y las ondas cerebrales se hacen más rápidas. Durante la segunda hora, se pasa al II y posteriormente, al I. El sujeto se acerca al despertar para caer, si no lo hace, (ese despertar suele suceder en algunos tipos de insomnio) otra vez en el estadio IV. El sueño se va haciendo cada vez más superficial, manteniéndose entre el II y el I estadios a lo largo del resto de la noche hasta que por fin el sujeto se despierta.

Estas fases descritas de modo somero son cuatro en la terminología científica más habitual y se van alternando a lo largo del sueño.

Cuando estamos en período de vigilia, el electroencefalograma presenta unas ondas uniformes, amplias y ligeramente rápidas si cerramos los ojos (estas ondas son más rápidas y menos amplias cuando los abrimos). Es el llamado ritmo alfa.

Cuando nos ponemos en disposición de acogernos en los brazos de Morfeo, entramos en el llamado estadio I o de somnolencia. Entonces desaparece el ritmo alfa aunque se esté con los ojos cerrados. En este estado hay una disminución del potencial eléctrico generado por el cerebro en su actividad y el gráfico se hace más aplanado hasta que se pasa al estadio II en el que podemos decir que nos hemos dormido.

En este estadio comienzan a aparecer ondas cerebrales con forma de uso (los husos del sueño o fases del sueño”) que se van haciendo más continuas hasta que el trazado gráfico es, casi únicamente, fusiforme excepto por la aparición esporádica de ondas excepcionales, algunas de las cuales sobrevienen, según se cree, ante la presencia de ruidos ambientales.

Tipos de sueños, sus efectos según sus carencias

Que el sueño tiene por finalidad descansar al máximo el organismo y la mente de la fatiga producida por la actividad, es algo -bastante- evidente. Que cumple una función reparadora y que los diferentes tipos de sueño y diferentes fases tienen una importancia distinta en esta función, es cosa que ha quedado suficientemente clara.

Los tipos de sueño tienen distintos efectos

Los tipos de sueño y cómo los regulamos

La disminución de la actividad cerebral durante el sueño lento, sobre todo en las fases III y IV en las que el sueño se hace más profundo, sirve, principalmente, a un descanso mental, por lo tanto podemos decir que es un tipo de sueño de descanso.El descenso máximo del tono muscular alcanzado durante el sueño paradójicotributa, ante todo, un descanso al cuerpo.

El tipo de sueño paradójico tendría también una serie de funciones más activas según algunas teorías. Así, podría servir para una activación del cerebro y del sistema nervioso, podrá compensar la baja alerta del organismo durante el dormir. También este tipo de sueño serviría para una descarga liberadora de las pulsiones. Y así mismo, jugaría un papel de desarrollo relacionado con la memoria y las aptitudes intelectuales.

 Tipos de sueño reparadores

Cada tipo de sueño tiene un significado reparador diferente y conviene no olvidar que los cambios en los ritmos y el mal uso de las horas de sueño o insomnio de que disponemos tiene unos efectos perjudiciales.

Las consecuencias de la falta de un tipo de sueño o de otro son distintas. La privación o disminución del estadio IV (de sueño profundo) del dormir lento, vuelve a los sujetos (en caso experimental de privación) depresivos e hipocondríacos.

La privación del tipo de sueño paradójico conduce a la aparición de una integración social e interpersonal reducida. Los sujetos tienen más dificultades para el trato con los demás, se vuelven confusos, desconfiados y retraídos. Pierden seguridad en sí mismos y experimentan ansiedad. En algunos, su lenguaje refleja una exageración del erotismo.

Ante ese tipo de consecuencias, cabría mostrarse muy pesimistas, de no ser porque la naturaleza ha procurado un mecanismo de compensación. Si un día tenemos menos tipos de sueños lentos o paradójicos, el dormir siguiente es más rico en el sueño que ha ocupado menos nuestra fase de sueño anterior.

Consejos para dormir bien, problemas comunes

l sueño es algo que, si no ofrecemos inconvenientes mayores de forma consciente o inconsciente, viene por sí sólo en las personas que tienen un estado físico y mente normal. A continuación exponemos algunos consejos para dormir bien.

Convencerse de estas cosas, sirve para que no lo deseemos ansiosamente y para que al colocarnos en una situación natural y reposada, el sueño venga tranquilamente cuando menos cuenta nos damos.

Primero consejo para dormir bien:

La falta de sueño o insomnio, en principio, no ha de suponer mayor problema si es esporádico.

La falta de sueño no es un problema

Falta de sueño vs insomnio

Relacionado con esa idea de que la disminución de horas de sueño no es algo que suponga inconvenientes graves para nuestras facultades diurnas (aunque, desde luego sí es un inconveniente a eliminar sobre todo si esa disminución es constante cuantitativamente grande o cualitativamente importante), está la de que:

Segundo consejo para dormir bien

insomnio no equivale al dormir corto.

El dormir corto es el de aquellas personas que acostumbran a dormir menos horas que las que la media de horas que duerme la mayor parte de la gente convierte en número normal. En estas personas, la calidad del dormir que realizan en poco tiempo es tal, que pueden llegar a mantener una media de dos o tres horas de sueño diario durante años sin que su estado físico o mental se resienta.

Pero, para una persona normal, mantener ese ritmo sería perjudicial. Los efectos de la falta de sueño los podemos ver en su caso extremo: cuando una persona pasa una o varias noches seguidas sin dormir. El tiempo que podemos permanecer despiertos es muy variable según las personas, pero, a la larga, acabamos resintiéndonos más o menos gravemente de no dormir.

Este tipo de personas, que son muchas, deberían comprender y aprender que el organismo puede soportar varias noches de un mal dormir o de una falta relativa de sueño, sin disminuir notablemente sus prestaciones físicas aunque se note más esa falta en las facultades intelectuales. Y ello porque el tiempo que pasan en la cama, si saben aprovecharlo y colocarse en una situación de reposo relajado o de somnolencia, es de por sí suficientemente reparador aunque no sea óptimo. Ver más en tipos de sueños y sus carencias.

Tercer consejo para dormir bien

Buscar descansar y no dormir

Lo que ocurre es que el organismo de un sujeto en buen estado de salud física y mental, permite jugar bastante con sus posibilidades; pero, en realidad, se está compensando esa falta de sueño con un mayor esfuerzo.

Ello queda perfectamente claro en una situación experimental cuando se observa que la disminución del sueño acostumbrado en una persona, supone que su tono muscular en los días que siguen a las noches en que ha dormido menos, es mayor.Esa es la razón por la que cuando dormimos nos cansamos antes en las jornadas siguientes a las noches pobres en sueño.

En este artículo tienes tres consejos para dormir bien, muy faciles de seguir y que seguro mejoraran tu manera de descansar todas las noches.

La química cerebral y el sistema reticular

La actividad del sistema reticular está también influida por los cambios en la química cerebral y de los humores (oxígeno, carbónico, hormonas, etc). Estos cambios son otro factor importante entre los que influyen en el ritmo vigilia-sueño. Basta ver, para comprenderlo, que podemos dormirnos en las condiciones más inverosímiles si estamos suficientemente cansados. Y si no, recordemos a aquel que se dormía de pié o el que metió la cara en el plato de puré al caerse dormido sobre él.

química cerebral

La química cerebral, la clave de la activación del sueño

Respecto al sistema reticular, esta observación ha hecho pensar a algunos investigadores que la causa de nuestro dormir podría estar en el aumento de toxinas que se acumulan en los músculos como resultado del trabajo del organismo durante el período de actividad y que son la razón del cansancio muscular. Tanto éstas, como otras sustancias de disgregación, producidas en el transcurso de la actividad intelectual o física, han sido invocadas para explicar por qué dormimos.

En el mecanismo descrito está también la explicación de cómo podemos frenar la llegada de estímulos y seleccionarlos. Con el sistema reticular como enlace, los vigilantes se sitúan, tras una orden previa, en disposición de hacer menor caso de los estímulos que reciben. Tan sólo, permanecen en una alerta mínima, exigiendo a los estímulos que les llegan una consigna. Esta consigna la dan esos centros superiores de los que depende la conciencia y que se forman una especie de cuadro o esquema del ambiente y del interior del organismo. Con arreglo a ese esquema los vigilantes saben qué estímulos son normales y no deben prestarles atención y cuáles han de ser informados a los centros superiores por el carácter extraño que presentan.

De esta forma podemos aislarnos del exterior y de nuestro propio cuerpo. La conciencia puede replegarse sobre sí misma y prepararse para el sueño. Mientras la situación es conocida o acostumbrada, el sueño comenzado puede continuar, pero sí las circunstancias cambian, se activa el mecanismo ya visto y nos despertamos.

Esta es la razón por la que una madre puede oír los acostumbrados ruidos de los juerguistas vecinos de arriba sin despertarse y levantarse sobresaltada en cambio cuando oye un ruido extraño procedente de la cuna donde duerme el niño.