El reloj biológico: El ciclo nictemeral

Se comprende que la realización de las actividades diferentes de búsqueda y asimilación y descanso, hayan de producirse en las condiciones más favorables.

En el nivel animal humano, ésto significa que el hombre ha adaptado sus períodos de trabajo y descanso a los ritmos de luz y de oscuridad, al día y a la noche. Esto podría hacer pensar que lo natural (excepto cuando el insomnio nos ataca) en el hombre es trabajar de día y descansar de noche.

Insomnio y el ciclo nictemeral
No andan muy equivocados quienes piensan que es así, pero hay que introducir una matización: ese ritmo de vigilia-sueño ligado al de noche-día (llamado nictemeral), no es obligatorio.

Como ha podido ver nuestro extraterrestre visitante, cuando los períodos de luz pudieron ser aumentados con el descubrimiento del fuego, primero, y de la luz de gas y eléctrica después, y cuando las necesidades sociales lo exigieron, el hombre se salió de ese margen del día y de la noche y adaptó su ciclo vigilia-sueño a una periodicidad diferente.

La razón de que tal cosa haya podido ocurrir es que, tomando como ritmo fundamental, el dormir humano sigue la influencia de un reloj fisiológico interior antes que la de los grandes ritmos cósmicos entre los que se encuentra el del día y la noche. Lo que importa no son estos sucederes cósmicos ese reloj interior dependiente del cerebro, que regula nuestro ciclo de vigilia-sueño

Y aquí, un inciso para explicar unas nociones de nuestra biología que, por su importancia en la comprensión del funcionamiento del organismo, son indispensables para entender el dormir y sus porqués.

El sistema nervioso vegetativo o autónomo, es el que guía y regula las actividades viscerales (de los órganos internos) del organismo. Este sistema está dividido en dos, generalmente opuestos: el simpático y el parasimpático.

La mayor parte de las vísceras reciben “órdenes” para su funcionamiento procedentes de ambos sistemas que, en general, ejercen efectos antagónicos en ellas, de manera que si el simpático estimula un órgano, el parasimpático lo inhibe.

Ese antagonismo corresponde a la oposición entre movimiento y reposo, entre actividad y descanso.

Ciclos que nos afectan: ritmos del sueño

Si el parasimpático estimula las actividades “reparadoras” del organismo, tales como la digestión o la asimilación, el simpático tiende a detener estos procesos y prepara el organismo para la actividad (atención insomnes:el problema acecha…).

Su misión es poner al organismo en situación de defensa y, bajo su acción, ocurren una serie de cambios fisiológicos que permiten al animal estar dispuesto a la acción y generan los ritmos del sueño.

Basta recordar lo que nos ocurre cuando esperamos una agresión para comprender algunos de esos cambios: respiración entrecortada y rápida, aceleración del pulso y aumento de la atención y la tensión.

Ritmos del sueño y el ciclo parasimpático

Bajo la acción del parasimpático, todos esos procesos fisiológicos tienen un signo contrario y experimentamos una sensación de paz y tranquilidad junto a un respirar sosegado, un pulso lento, y un estar relajado.

Este sistema, el autónomo o vegetativo, tiende, a través de sus dos divisiones a ejercer un efecto sobre todo el organismo, dándole en cada momento un tono general, simpático o para- simpático.

Reguladas por esos sistemas, todas las funciones biológicas tienden a un ritmo constante y cualquier alteración de ese ritmo debida a nuestra voluntad -o ajena a ella- produce un desequilibrio orgánico cuyas consecuencias pueden ser graves.

Por supuesto, no todos esos ritmos pueden ser alterados a voluntad o serlo fácilmente. El hombre es demasiado estúpido y las condiciones en que se desenvuelve la vida demasiado difíciles como para que, si así ocurriera, nuestra existencia estuviese asegurada por muchos años.

Sin embargo, algunos ritmos como el del sueño-vigilia o el del comer sí que son alterables fácilmente. De ahí la facilidad con que jugamos con ellos.

Volviendo otra vez a coger hilo que ha quedado suelto, si no es el ritmo nictemeral el que realmente importa, sino ese reloj biológico que regula nuestro ciclo vigilia-sueño, no hay que despreciar esos ritmos que nos rodean.

Nuestros ritmos biológicos están relacionados con esos otros que hemos llamado cósmicos: los del día y de la noche, los climáticos y estacionales y los que dependen de los cambios de latitud o de altura. Esta relación es la de adaptación del individuo al medio.

Nuestro organismo adapta sus ritmos a los que le rodean, fundamentalmente, al nictemeral.

 

Definición de sueño y causas del no dormir

La definición de sueño y el sueño en si, es una característica de la vida del hombre. El sueño y el insomnio, está presente en toda sustancia viva, para la que hay una sucesión periódica, rítmica y regular de movimiento y de descanso. No quiere ello decir que para todas las formas de vida los ritmos sean iguales.

Podemos hacer una escala desde el ciclo vegetal en el que la sucesión de los estados de actividad y de reposo sigue el de las estaciones (lo mismo que algunos animales que observan un letargo estival o invernal), hasta los ritmos de día y noche que siguen algunos animales vertebrados y el hombre.

Ciclos de reposo e Insomnio, definición de sueño

Pero, ¿qué es el sueño en esa sucesión de estados de movimiento y reposo? . La respuesta es algo que se desprende de la observación común: el sueño no es más que el descanso llevado al máximo de su expresión.

El por qué del dormir, la regulación de la aparición rítmica del sueño es la forma más específica de la capacidad general de toda sustancia viviente para acoger un estado de reposo y desconectar, en cierta forma,sus relaciones con el exterior temporalmente.

Y, puesto que esa capacidad es tanto mayor cuanto más desarrollado es el sistema nervioso del ser vivo, es el hombre el animal que mejor dispone de ella y, como verá, el que peor la utiliza, desembocando en ocasiones en el insomnio que estudiamos.

En resumidas cuentas, el dormir de los hombres, como el de los animales que le siguen en jerarquía o el “sueño vegetal”, es el mejor modo que éstos tienen de descansar del trabajo que durante el período de actividad han desarrollado.

Los biólogos y unos científicos con nombre más moderno, los llamados etólogos, asocian éstas fases diferentes a la búsqueda de alimento y a la asimilación de ésta una vez conseguido junto a la recuperación de las energías gastadas en su obtención.

Esto vale claramente para el animal cazador y el hombre cazador o agrícola,, dependientes ambos de un contacto directo con la naturaleza.

Vale también, en cierto modo, para el hombre moderno de la sociedad industrial puesto que, en general, el trabajo equivalente en esta sociedad a la búsqueda de comida es seguido de un descanso con similar periodicidad.

Insomnio: El ciclo del sueño-vigilia

Un observador extraterrestre que hubiese estado un tiempo suficiente vigilando nuestro comportamiento humano, escribiría en su diario que hay un bicho, caminante sobre dos patas, cuyo rasgo principal es actuar de un modo bastante raro y diferente del de la mayor parte de los otros bichos que por sus características de tamaño y desarrollo se aproximan a su forma y conducta.

Tras anotar que durante el período en el que el sol ilumina la parte terrestre que habita, este animal despliega una actividad febril y muchas veces incomprensible (el ciclo sueño-vigilia), se haría cruces sobre la forma en que responde a la falta de luz ocasionada por la desaparición del sol en su horizonte.

El ciclo del sueño-vigilia, cómo funciona el sueño

Le extrañaría, seguramente que, mientras los demás animales, aparentemente menos inteligentes, se dedican a reposar tranquilamente las fatigas ocasionadas por el trabajo diurno, este otro bicho llamado hombre enciende unos pequeños soles en los lugares donde habita y se empeña en seguir manteniendo la misma actividad apresurada y fatigante sin conceder importancia a ese reposo que los demás inquilinos de la tierra consideran tan preciado.

Algunos, podría con letras mayúsculas, llegan incluso a invertir el empleo de los períodos de luz y de oscuridad, poniendo las bases del insomnio. Los más, escribiría, imitan el comportamiento de los otros animales sólo después de muchos horas de continuación de su período de movimiento y, ni siquiera lo hacen de un modo fijo en la sucesión de lo que ellos llaman día y noche.

Las observaciones de este extrañado visitante nuestro, no harían sino constatar que el hombre ha sido el único animal capaz de modificar y romper un ciclo de movimiento y reposo que en el transcurso de la evolución ha ido adaptándose a la sucesión de los períodos de luz y de oscuridad, del día y de la noche.

Si atendemos a la vida de nuestros antepasados más antiguos, si miramos la manera de vivir que se estila todavía en algunas zonas rurales o si contemplamos esas “rara avis” metódicas y empeñadas en hacer como las gallinas que aún existen en las ciudades, vemos que el hombre tiene un ciclo normal de sueño y de vigilia que mantiene vinculado a un sucederse del día y de la noche.

Los sueños según Freud

Freud, psiquiatra vienés (1856-1939), es conocido por ser el padre del psicoanálisis, técnica psicodiagnóstica y terapéutica que encontró gran oposición en el mundo psiquiátrico.

Esta oposición contribuyó a que, en el ámbito no médico, el psicoanálisis se extendiera por todo el mundo. También favorecieron su popularización los escritos de Freud, accesibles al gran público por su estilo llano y divulgador, y la temática de interés general.

Una prueba de su difusión es que algunos de los términos por él acuñados son ahora de uso habitual entre la gente: el ello, el yo, el superyo, represión, actos fallidos, complejo, etc.

Los sueños según Freud.

Freud, que fue un mal hipnotizador, propuso sustituir para el tratamiento de determinadas neurosis la hipnosis por el psicoanálisis. Según él, el aparato psíquico está compuesto por el “ello”, receptáculo de las impulsiones instintivas, por el “yo”, la parte más superficial del “ello”, modificada por la influencia directa del mundo exterior, y por el “superyo”, desarrollado desde fuera del “ello”, que domina al “yo” y produce la inhibición del instinto del hombre. En síntesis, la doctrina psicoanalítica defiende: el superyo es el censor que reprime, y mantiene en un nivel subconsciente, todas las tendencias que van en contra de lo prescrito por la ley o de los convencionalismos sociales.

Cuando el psicoanalista intenta que estas tendencias reprimidas en el subconsciente alcancen el plano consciente, se encuentra con una resistencia. Las impulsiones instintivas reprimidas no siempre resultan inofensivas: en numerosos casos son el origen de síntomas neuróticos. Misión del psicoanalista es descubrir esas impulsiones reprimidas, perturbadoras de la vida psíquica, y hacerlas aflorar a la conciencia.

Una vez conseguido esto y reconocido su papel perturbador, pierden su influencia patógena. Los dos procedimientos que Freud proponía para ese descubrimiento eran las asociaciones libres y la interpretación de los sueños.

Naturaleza de los sueños.

Las características que Freud atribuye a los sueños son: la dramatización, la condensación, el desplazamiento y el simbolismo. Con el término dramatización quería indicar que la mayor parte del contenido de los sueños se resuelve en imágenes visuales, de tal manera que, hasta lo más conceptual, adquiere una representación plástica.

La condensación es la característica de los sueños por la cual el contenido manifiesto supone una condensación de su contenido latente. De esta manera, con un elemento manifiesto se expresan varios pensamientos latentes.

El desplazamiento, por su parte, constituye el mecanismo por el cual el contenido emocional es apartado de su objeto y unido a otro poco importante o subsidiario.

La simbología en los sueños según Freud

La simbología en los sueños juega un gran papel en la interpretación de los sueños, puesto que el contenido latente de los mismos se manifiesta mediante símbolos. Dada la importancia que Freud concedía a la libido, no debe extrañar que una buena parte de su simbología tenga carácter sexual.

Hall se tomó la molestia de contabilizarlos y su búsqueda dio las siguientes cifras: 102 símbolos para el pene, 95 para la vagina y 55 para el acto sexual.

La simbología en los sueños según Freud.

Humorísticamente se ha puesto el siguiente ejemplo de sueño repleto de simbolismo sexual:
Un señor sueña que se va de vacaciones, hace la maleta, baja las escaleras y mete los bultos en el maletero del taxi (las tres operaciones son símbolos del acto sexual).

Llega a la estación con tiempo y se propone escribir una postal. Saca punta al lápiz (pene), no escribe bien, prueba con la pluma (pene), pero tiene que hacer fluir unas gotas de tinta hasta que logra escribir (masturbación), y termina echando la postal en el buzón (vagina).

Todavía continúa el relato cargado de otros símbolos. Si queremos interpretar así ese sueño, habría que concluir que ese señor, y casi todo el mundo, es un obseso sexual.

En un trabajo posterior a su obra “La interpretación de los sueños”, titulado “Interpretación metapsicológica a la doctrina de los sueños” (1917), Freud explicaba la génesis de los sueños: el recuerdo de los hechos pasados se encuentra en el que sueña en un plano preconsciente. Estos recuerdos, reforzados por el inconsciente, se transforman en percepciones que quien sueña toma como reales. Se trata, por ello, de una alucinación, que se diferencia de las ideas delirantes en que en éstas el sujeto se halla despierto.

En el caso del sonambulismo, las percepciones sensoriales en el sueño, eludiendo la conciencia, dan lugar a una respuesta motora. En palabras de Freud: Cuando una idea ha encontrado el camino regresivo que conduce hasta las huellas mnésicas inconscientes de los objetos, y desde ellos hasta la percepción, reconocemos su percepción como real. Así es como la alucinación trae consigo una creencia en la realidad.

Por ello, compara la situación del sujeto durante el tiempo que sueña con algunas situaciones patológicas de la mente: El sueño es una psicosis con todos los absurdos, deformaciones delirantes e ilusiones de una psicosis, pero es una psicosis de breve duración, inofensiva y que cumple una misión útil… En los estados patológicos, afirma Freud, hay un debilitamiento relativo o absoluto del “yo” que le impide cumplir sus funciones… En los sueños, si el “yo” se desprende de la realidad del mundo exterior cae, por influjo del mundo interior, en la psicosis.

En los sueños la toma de conciencia es débil y, por esta razón, el ello tiene un acceso más fácil al yo en sus pulsiones y deseos, porque el superyo está como dormido. De ahí que Freud admitiera que en los sueños siempre hay que ver la realización de un deseo.

Pero se trata de un deseo disfrazado, porque tras lo aparente de los sueños (imágenes, acción) hay algo latente, críptico, pues aunque el superyo está adormecido, no está totalmente dormido y ejerce cierta censura. La forma de evadir su vigilancia es disfrazar de inocencia o neutralidad el significado real.

La misión, por tanto, del psicoanalista es llegar, partiendo de lo patente de los sueños, a lo latente que éstos encierran.

Para ello cuenta con la ayuda de la simbología onírica y de las asociaciones libres. Así, el médico analista y el yo debilitado del paciente, apoyados en el mundo exterior real, deben tomar partido contra los enemigos, es decir, contra las exigencias instintivas del ello y las demandas morales del superyo. Concertamos un pacto —decía Freud— con nuestro aliado: el “yo” enfermo nos promete la más completa sinceridad, es decir, promete poner a nuestra disposición todo el material que le suministra la auto- percepción; por nuestra parte, le aseguramos la más estricta discreción y ponemos a su servicio nuestra experiencia. Y la manera de proceder la describe así:

El enfermo, durante la sesión, debe expresar, lo mejor posible, todo cuanto piensa y siente. Ello quiere decir que debe verbalizar toda imagen, todo pensamiento, toda sensación, a medida que aparecen en el campo de su conciencia, sin formalizarlos con vistas a una selección previa a su exposición. Con este fin, el paciente se sienta cómodamente en un sillón, o se tiende en un sofá, y a medida que narra sus sueños el psicoanalista le hace algunas preguntas a las que debe responder con lo primero que éstas le sugieran (asociación libre).

Así, tras una sucesión de asociaciones, y con ayuda de la simbología onírica, se puede llegar a descubrir la impulsión reprimida que constituye el núcleo patógeno de una posible neurosis.

 

La química del sueño, posibles teorías

En cuanto a la química,l a actividad del sistema reticular está también influida por los cambios humorales (oxígeno, carbónico, hormonas, etc).

Estos cambios son otro factor importante entre los que influyen en el ritmo vigilia-sueño. Basta ver, para comprenderlo, que podemos dormirnos en las condiciones más inverosímiles si estamos suficientemente cansados. Y si no, recordemos a aquel que se dormía de pié o el que metió la cara en el plato de puré al caerse dormido sobre él.

¿La química como origen del sueño?

Esta observación ha hecho pensar a algunos investigadores que la causa de nuestro dormir podría estar en el aumento de toxinas que se acumulan en los músculos como resultado del trabajo del organismo durante el período de actividad y que son la razón del cansancio muscular. Tanto éstas, como otras sustancias de disgregación, producidas en el transcurso de la actividad intelectual o física, han sido invocadas para explicar por qué dormimos.

Según estas teorías, el sueño serviría para la eliminación de estas sustancias. Un hecho palmario viene a contradecir la bondad de estas explicaciones. Todos sabemos que no hace falta dormir para eliminar la acumulación de esas sustancias.

Basta con un período de reposo físico e intelectual para eliminar el cansancio que provocan. Hace falta relax, pero no necesariamente dormir, aunque el dormir, como grado máximo del descanso, sea la mejor forma de recuperarnos de las fatigas del trabajo.

Muchos otros elementos han sido considerados causantes del sueño: el colesterol, las hip nosxinas, etc. Una teoría conectada con la anterior descrita, la metabólica, trata de explicar el sueño como un estado producido por la acción de las sustancias generadas en el desarrollo de los fenómenos vitales.

Otra teoría, la hormonal, pretende la determinación del sueño por la secreción hormonal de las glándulas endocrinas y para la actividad de las hormonas. Esta observación es muy similar a la que hacen los que sostienen la teoría de la circulación cerebral cuando tratan de explicar el sueño por la disminución de la circulación sanguínea y la menor afluencia de sangre al cerebro.

En ambas surge la misma pregunta que las invalida como explicaciones suficientes: ¿quién es anterior: el huevo o la gallina? ¿es el sueño un estado por el que se produce una secreción hormonal o la disminución del riego sanguíneo, o son éstos últimos fenómenos los causantes del sueño? .

Lo cierto es que no se ha encontrado nada seguro para aceptar esas teorías, como tampoco se ha hallado una sustancia que juegue un papel importante en la producción del sueño.

Los trabajos de investigación más recientes han dirigido la búsqueda de ese factor humoral responsable del sueño por entre el mismo sistema nervioso. Los resultados apuntan hacia unas células nerviosas (neuronas) distintas y presentes en diferentes zonas del sistema nervioso que serían responsables de la vigilia unas y del sueño otras.

Ejercicios de relajación contra el insomnio

Los ejercicios de relajación contra el insomnio antes de dormir, favorecen la aparición del sueño. Existen muchos, y en la base de casi todas las técnicas que pretenden un perfeccionamiento del cuerpo y de la mente hay ejercicios de relajación.

El Dr. Schultz fué el primero en crear ejercicios de relajación contra el insomnio

El Dr. Schultz fué el primero que desritualizó la hipnosis o el hipnotismo y dejó al hipnólogo en el lugar que le corresponde, es decir, fuera de ese dominio impecable sobre las mentes que nunca ha poseído. Entregó las posibilidades ofrecidas por la sugestión al individuo, de forma que cada uno pudiese utilizarlas sin necesidad de la presencia y mando del hipnólogo. El fondo de su “entrenamiento autógeno” es la sugestión, pero no la sugestión provocada desde fuera, sino aquella que puede ser forjada por el mismo sujeto que se hace destinatario.

La base del entrenamiento de Schultz es la relajación y tanto los ejercicios para llegar a ésta como la conducción de la sugestión que se aprende más adelante con su método, son excelentes para el insomnio aunque no sea ésta la intención con que fueron ideados.

El fundamento del método de Schultz, consiste en “producir una transformación general del sujeto de experimentación, por medio de determinados ejercicios fisiológicorracionales y que, en analogía a las más antiguas prácticas hipnóticas, permite todos los rendimientos de que son capaces los estados sugestivos auténticos o puros”, como escribe el mismo Shultz. La finalidad, descrita por él mismo, estriba en que “si una persona es capaz de provocar en sí mismo estados hipnóticos auténticos, entonces le será posible por este medio, procurarse una profunda tranquilidad y tonificación; en épocas de crisis física o psíquica, podrá evitar, intercalando una fase autohipnótica, que excitaciones ya presentes, aumenten hasta perjudicarle. Así la autohipnosis adquiere el valor de un método para conseguir “intervalos profilácticos de reposo”.

La razón por la cual la base del método es una serie de ejercicios de relajación y toma de sensaciones corporales de peso y calor, parte de la observación de que “independientemente de la técnica hipnótica empleada, todos los protocolos contenían determinadas indicaciones sobre sensaciones corporales generales… un estado general agradable y de tranquilidad. Todos coincidieron (los pacientes) en que su cuerpo se sentía más pesado que en estado normal, y que lo recorría una sensación difusa de calor”. Sensación de peso, debida a la relajación muscular y sensación de calor sentida ante la dilatación de los vasos sanguíneos y el aumento de riesgo. Es lo mismo que se aconseja conseguir antes de dormir con el ejercicio y la ducha caliente.

El ritmo nictameral del sueño

Un problema que los investigadores del sueño se vienen planteando es si el ritmo nictameral del sueño-vigilia que actualmente tenemos es el más adecuado o, dicho en otros términos, si el ritmo nictameral del sueño es natural o adquirido.

No hay duda de que hasta que el hombre ha podido disponer de medios de iluminación adecuados, el día fue el tiempo dedicado a la actividad y la noche al reposo. Este ritmo impuesto por las circunstancias externas ha podido convertirse en un ritmo adquirido, sin que sea el más adecuado a nuestra naturaleza.

¿El ritmo nictameral del sueño es el mejor?

Para poder responder a esta pregunta se han realizado experiencias consistentes en colocar a las personas, que se han prestado para esta prueba, en una situación atemporal. Durante un tiempo que, según los casos, oscilaba entre 5 semanas y 4 meses, el probando en cuestión vivía en un apartamento especialmente diseñado: una pequeña habitación de trabajo, un dormitorio y un baño. La iluminación era artificial y el habitáculo estaba insonorizado.

El probando, naturalmente, no disponía de reloj a fin de que no supiera la hora del día o de la noche en que se encontraba. Ocupaba el tiempo en las cosas que quería, para lo cual disponía de libros, música, juegos, etc. Lógicamente, no podía tener radio o televisión, pues su atemporalidad se perdería. La mayor parte de sus constantes estaban monitorizadas: temperatura, presión arterial, glucemia, concentración plasmática de las principales hormonas, etc.

También estaba conectado a un electroencefalógrafo. El probando distribuía el tiempo a su gusto y se iba a la cama cuando quería. Huelga decir que, antes del aislamiento, los probandos también fueron monotoriza- dos durante varios días para tener un patrón con el que comparar los posibles cambios que originaría la independencia del ritmo día-noche.

Los resultados han demostrado que determinados ciclos, que en condiciones de vida normal son circa- dianos, cuando el sujeto pierde la noción de la sucesión día-noche dejan de serlo, y esto —entre otros— sucede con la temperatura y el ritmo vigilia-sueño. Así, la mayor parte de los probandos alargan la jornada retardando entre 30 y 60 minutos cada día la hora de marcharse a dormir. Y si en condiciones normales nos vamos a la cama cuando la temperatura corporal se encuentra en fase de descenso, en los sujetos sin distinción de día y noche no siempre se da esa relación.

Sin embargo, se ha observado un hecho curioso e importante para conocer los mecanismos / del sueño: cuando los probandos se acostaban en la fase de disminución de la temperatura, la duración del sueño era de 6 a 7 horas; en cambio, cuando lo hacían en la fase de ascenso, próxima la temperatura a alcanzar su máximo, el sueño duraba unas 14 horas. Esta relación entre la duración del sueño y la fase del ciclo de temperatura permanecía estable e independiente de la necesidad de sueño del sujeto.

Hipnosis y fármacos para curar el insomnio

Incluir hipnosis y fármacos bajo un mismo epígrafe, no significa que tengan algo semejante o que tomar una píldora equivale a ser hipnotizado y viceversa.

Claras diferencias entre la hipnosis y fármacos

Las dos formas de evitar el insomnio tienen tantas diferencias entre sí como el agua y el vino y bastaría con atender a las actitudes más comunes de la gente ante una y otra para saber que, no por citarlas juntas, alguien va a pensar en sustituir una por otra. La actitud más general ante la hipnosis es la de considerarla una práctica mágica o una superchería y en el fondo temerla. La actitud ante las píldoras para dormir es ya hija de la confianza en la ciencia y la medicina.

La característica más común a las dos formas de tratar el insomnio, es que el insomníaco no tiene que hacer absolutamente nada para vencer su insomnio salvo ponerse a disposición de la química o del hipnólogo. Al contrario que todos los consejos que se han dado hasta ahora y las técnicas de relajamiento, objeto del epígrafe posterior, todo viene desde afuera. Esto puede ser un “handicap” para muchas personas, que a la larga siguen dependientes de algo que no es ellos mismos para la curación de su insomnio.

Cuando en 1903 un científico, Fisher, descubrió el primer barbitúrico utilizable para fines hipnóticos, inauguró toda una era. A ese primer barbitúrico le llamó Veronal por considerar que la ciudad italiana de Verona era la más tranquila del mundo. El Veronal fue el comienzo de una serie de barbitúricos cuyo efecto hipnótico arreglaba de una vez por todas el problema dichoso del sueño. Lo malo de los barbitúricos, es que, además de producir adición (luego, es muy difícil dejar de tomarlos si se quiere dormir), una dosis elevada puede causar la muerte.

Además de los barbitúricos, la otra gran solución farmacológica al insomnio, son las Benzodiacepinas. Su éxito se basa en que reducen la ansiedad y son unos magníficos relajantes musculares, además de provocadores del sueño. Lo que más los diferencia -cara al público- de los barbitúricos es que son menos peligrosos en cuanto a la dosis necesaria para producir la muerte, bastante mayor en éstos.

El hecho de que los fármacos que acabamos de hablar sean llamados hipnóticos, no quiere decir que el modo en que actúan sea similar al de la hipnosis. La coincidencia entre ambas palabras es su raíz común, que significa sueño. A la hipnosis se la llamó así por su semejanza con el sueño, aunque posteriormente se ha comprobado su diferencia con el sueño normal. La hipnosis se basa en la sugestión y en la voluntad del paciente de ser hipnotizado. El individuo en estado hipnótico acepta cualquier sugestión que el hipnólogo quiera inducirle.

De esta forma, el hipnólogo puede sugerirle que duerma bien todas las noches y a una hora determinada. A esa hora es posible que el sujeto tenga unas ganas enormes de irse a la cama y dormir. El sistema es, desde luego sencillo para el individuo, pero con él, depende de alguien, que no es él mismo, para llegar a conseguir un sueño normal todos los días.