El ritmo nictameral del sueño

Un problema que los investigadores del sueño se vienen planteando es si el ritmo nictameral del sueño-vigilia que actualmente tenemos es el más adecuado o, dicho en otros términos, si el ritmo nictameral del sueño es natural o adquirido.

No hay duda de que hasta que el hombre ha podido disponer de medios de iluminación adecuados, el día fue el tiempo dedicado a la actividad y la noche al reposo. Este ritmo impuesto por las circunstancias externas ha podido convertirse en un ritmo adquirido, sin que sea el más adecuado a nuestra naturaleza.

¿El ritmo nictameral del sueño es el mejor?

Para poder responder a esta pregunta se han realizado experiencias consistentes en colocar a las personas, que se han prestado para esta prueba, en una situación atemporal. Durante un tiempo que, según los casos, oscilaba entre 5 semanas y 4 meses, el probando en cuestión vivía en un apartamento especialmente diseñado: una pequeña habitación de trabajo, un dormitorio y un baño. La iluminación era artificial y el habitáculo estaba insonorizado.

El probando, naturalmente, no disponía de reloj a fin de que no supiera la hora del día o de la noche en que se encontraba. Ocupaba el tiempo en las cosas que quería, para lo cual disponía de libros, música, juegos, etc. Lógicamente, no podía tener radio o televisión, pues su atemporalidad se perdería. La mayor parte de sus constantes estaban monitorizadas: temperatura, presión arterial, glucemia, concentración plasmática de las principales hormonas, etc.

También estaba conectado a un electroencefalógrafo. El probando distribuía el tiempo a su gusto y se iba a la cama cuando quería. Huelga decir que, antes del aislamiento, los probandos también fueron monotoriza- dos durante varios días para tener un patrón con el que comparar los posibles cambios que originaría la independencia del ritmo día-noche.

Los resultados han demostrado que determinados ciclos, que en condiciones de vida normal son circa- dianos, cuando el sujeto pierde la noción de la sucesión día-noche dejan de serlo, y esto —entre otros— sucede con la temperatura y el ritmo vigilia-sueño. Así, la mayor parte de los probandos alargan la jornada retardando entre 30 y 60 minutos cada día la hora de marcharse a dormir. Y si en condiciones normales nos vamos a la cama cuando la temperatura corporal se encuentra en fase de descenso, en los sujetos sin distinción de día y noche no siempre se da esa relación.

Sin embargo, se ha observado un hecho curioso e importante para conocer los mecanismos / del sueño: cuando los probandos se acostaban en la fase de disminución de la temperatura, la duración del sueño era de 6 a 7 horas; en cambio, cuando lo hacían en la fase de ascenso, próxima la temperatura a alcanzar su máximo, el sueño duraba unas 14 horas. Esta relación entre la duración del sueño y la fase del ciclo de temperatura permanecía estable e independiente de la necesidad de sueño del sujeto.

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