Fisiología y fases del sueño: cómo reacciona el cuerpo

La diferencia de las curvas obtenidas hoy día sobre la profundidad del sueño con las anteriores, es notable. Una curva construida mediante los datos proporcionados por el registro electroencefalográfico, registro eléctrico de la actividad muscular y de la actividad ocular, muestra que la profundidad en las fases del sueño no es la misma durante las tres primeras horas y que es mucho más variada a lo largo del resto de la noche que lo que suponían los primeros investigadores.

Fases del sueño

Las 4 fases del sueño

El tono muscular, si bien disminuye claramente a lo largo de todo el proceso de sueño, no es uniforme en todas las etapas de éste ni es igual para los diferentes grupos musculares (la musculatura de la nuca es la que menos se relaja). El menor tono muscular corresponde a la fase IV de sueño profundo, siendo un poco mayor en el III y, sucesivamente, en el II y el I.

Las frecuencias cardíaca y respiratoria experimentan también una disminución. Desciende ligeramente la tensión arterial que permanece bastante estable y la temperatura central se hace menor. Desde las fases del sueño I al IV, la presión disminuye hasta un 20 por ciento por debajo de la media normal del individuo entre la primera hora y media y las dos horas contadas desde el comienzo del sueño. Luego aumenta gradualmente hasta volver a la normalidad.

Algo parecido ocurre con el ritmo cardíaco y el respiratorio aunque la disminución de estos ritmos no es tan marcada como la de la tensión arterial.

Durante el sueño se produce, además, una contracción de la pupila, aunque parezca algo anormal ya que la pupila se contrae normalmente cuando hay más luz. También se han constatado ciertos movimientos oculares poco frecuentes y muy lentos.

Antes de entrar en el sueño real que comienza a partir del estadio II, se pasa por una fase de pre-adormecimiento -comienzo del estadio I- en el que va aumentando el desinterés por el mundo que rodea al sujeto y éste comienza a replegarse sobre sí mismo.

Como veremos, este momento es clave para una gran parte de los insomnios que se producen por un estancamiento en este punto. Si este estancamiento no sucede, el individuo entra en una fase de adormecimiento propiamente dicho, con búsqueda de descanso visual, auditivo, etc. En este momento, puede producirse el paso al estadio II o un despertar brusco al que suele seguir un paso casi inmediato al dormir.

Este dormir lento se acompaña, de una reducción de la mayor parte de las funciones fisiológicas. Esas modificaciones neurovegetativas concomitantes al dormir lento, señalan una prevalencía del tono parasimpático en consonancia con la función reparadora del dormir.

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