Privación parcial del sueño

En relación con esta cuestión, algunos directores de hospitales norteamericanos se han llegado a preocupar por la posible merma de la capacidad asistencial de los médicos residentes en los días de guardia, durante los cuales no pueden dormir varias horas seguidas. Esto llevó a Deacouson y colaboradores (1988) a estudiar tal problema en un amplio grupo de residentes.

El período de estudio fue de 19 días y en el 80 % de las noches ningún residente pudo dormir 4 horas seguidas. Tras el examen de éstos con una batería de tests para objetivar su capacidad de vigilancia visual y auditiva, la coordinación rápida ojo-mano, la capacidad de razonamiento y de abstracción, llegaron a la conclusión de que el rendimiento de esos residentes era normal. Esta experiencia está en la línea de aquellas en que la privación del sueño ha sido sólo parcial. La ordenación de las mismas ha sido variada.

En unos casos, como en el de Freeman, se hicieron secuencias de noches con 4, 6, 8 y 10 horas de sueño, repetidas siete veces; en otros casos, los sujetos durmieron sólo 4 horas durante varios días seguidos. Los resultados de todas estas experiencias han venido a demostrar que el rendimiento físico e intelectual de los individuos con privación parcial del sueño no presenta diferencia con respecto al de esas mismas personas en un período en que su sueño tiene una duración normal.

Todo lo que acabamos de exponer viene a indicarnos que el sueño, aun siendo importante, no es tan vital que, cuando hayan transcurrido varias noches sin dormir o se haya dormido menos tiempo, aparezcan considerables alteraciones en nuestro organismo. Una contraprueba la tenemos en que las alteraciones, provocadas por la falta de sueño, rápidamente desaparecen en cuanto el insomne duerme el tiempo que necesita.

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