Narcolepsia y cataplexia

Descrita primeramente por Gélineau en 1880, se caracteriza —como ya hizo notar este autor— por una necesidad invencible de dormir, que obliga al sujeto a tenderse para evitar desplomarse vencido por el sueño. Este ataque puede ocurrir una o varias veces a lo largo del día.

Es corriente distinguir una narcolepsia genuina, cuando no obedece a ninguna causa orgánica, de otra narcolepsia sintomática, debida a diferentes lesiones como secuelas postencefalíticas, arteriosclerosis, etc. La duración de los ataques de sueño de la narcolepsia genuina es muy variable. Generalmente es corta pero, a veces, puede prolongarse durante horas.

Las hipótesis que pretenden explicar la causa de la narcolepsia genuina son diversas. Una de las postuladas recientemente considera el seno carotídeo como responsable de los ataques de sueño y tiene bastante fundamento. Weiss y Baker (1933) y Buscaíno (1936) demostraron que los narcolépticos presentaban una respuesta exagerada a la presión sobre el seno carotídeo, pudiendo producirse un ataque de sueño.

Oswald (1965) mantiene que en la narcolepsia el paciente pasa directamente de la vigilia al SP (sueño paradójico), lo que explica la brusca pérdida del tono muscular, supuesto defendido por bastantes investigadores como Dement y colaboradores (1965), Hishikawa (1968), etc.

La cataplexia.

Se parece a la narcoplesia en la pérdida del tono muscular, pero a diferencia de ella el paciente no se duerme. En la actualidad se admite que es producida por impulsos que, procedentes del locus coeruleus, discurren por el haz retículoespinal y producen una inhibición inapropiada de la musculatura de las extremidades, tronco y nuca.

El sistema reticular y su papel en el proceso del sueño

La estimulación del sistema reticular por ciertos impulsos, tiene como resultado un aumento de la actividad de los centros superiores y, a su vez, el aumento de actividad de esos centros, influye en el del sistema reticular, con lo que una vez excitado éste, es más fácil que su actividad se mantenga.

El sistema reticular: el disparador del sueño

Cuando ésto sucede, el aumento de actividad del sistema reticular, eleva el tono muscular de todo el cuerpo y acelera el trabajo de muchos de nuestros órganos. Como estos cambios provocan una alerta mayor en los vigilantes, éstos envían más información (más impulsos) al sistema con lo que, como se ve, el mecanismo se va alimentando a sí mismo una vez que el sistema reticular ha recibido el mínimo de impulsos necesarios para su activación.

En esencia, lo descrito corresponde al despertar. En el dormir ocurre lo contrario. La disminución del número de estímulos ambientales que los vigilantes han de recoger supone una merma del número de impulsos que llegan hasta el sistema reticular. Con ello, al disminuir su actividad, desciende la actividad de la corteza y entramos en el umbral del sueño.

De aquí se desprende inmediatamente que uno de los factores que influyen en el dormir es la disminución de los estímulos ambientales como la luz o los ruidos y de los que el mismo organismo envía a los centros superiores cerebrales, como los de dolor o malestar. Esta es la razón por la que nos dormimos mejor en ambientes y situaciones en las que el exterior es tranquilo y recibimos pocas sensaciones de nosotros mismos.

Este sistema, actúa a modo de enlace muy particular entre los vigilantes situados en el interior y la periferia de nuestro organismo y los cuarteles generales, localizados en el cerebro, donde se organiza la actividad que preserva la vida del individuo.Estos vigilantes son unas células especializadas, repartidas en número de millones por todo el interior y el exterior del organismo, y encargadas de transmitir información sobre los estados de los órganos o las condiciones del ambiente externo. Ellas son quienes transmiten la información que nos permite ver, oír, gustar, palpar, saber si tenemos hambre o nos duele la muela y mil detalles más. Y de la cantidad de informaciones (impulsos) que transmiten, depende, en gran parte, la actividad de esa zona enlace a la que estimulan.

Años de experimentación y estudios, han llevado al hombre a saber muchas cosas, no todas porque la ciencia no ha dicho ni dirá nunca su última palabra, sobre los mecanismos que conducen a su organismo y mente al estado de sueño. Los resultados de estos esfuerzos han ido haciendo abandonar aquellas teorías anteriores al comienzo de la era cristiana que explicaban el sueño por la acumulación de sangre en las venas o las más modernas que giraban en torno a cambios en la circulación sanguínea en el cerebro como causa del dormir.

A la altura de nuestro tiempo, se conoce ya la existencia de unos centros localizados en nuestro cerebro que regulan la vigilia y el sueño y se entienden bastante bien los mecanismos nerviosos y vegetativos que conducen al dormir.

Así, se sabe que en nuestro sistema nervioso, equivalente a y na central y redes de comunicación en nuestro interior por las que se transmiten la información y las órdenes que aseguran el buen funcionamiento del organismo y la buena relación del individuo con el exterior, existe un sistema (el “sistema activador reticular“) cuya misión es controlar el estado global de la actividad del sistema nervioso. Este control incluye el de los estados de vigilia y sueño y, al menos, parte de nuestra capacidad para dirigir la atención hacia zonas especiales de la mente consciente.